Imagínate esto: el Presidente desayunando burritos de huevo con machaca en vez de chilaquiles. El Zócalo lleno de vaqueros en vez de marchas. Las mañaneras transmitidas desde la Casa de Villa, y el Ángel de la Independencia convertido en una estatua de Pancho Villa a caballo, bien rifado.
Sí, suena loco. Pero, ¿qué pasaría si la capital de México no estuviera donde está, sino acá, donde el norte pica más que el chile chiltepín?
Primero, el tráfico. Vamos empezando por ahí. No es que en Chihuahua no haya tráfico, pero la neta, comparado con el caos de CDMX, aquí andarías en patineta de oficina a oficina. Imagina una megaurbe funcionando en una ciudad donde aún se puede decir “ahí por donde estaba Gigante” y todos saben dónde es. Seríamos la capital donde los mapas todavía tienen sentido.
Segundo: el clima. Se acabarían las lluvias sorpresivas y los “no sé si salir con chamarra o short”. Aquí es solazo o friazo alv, pero por lo menos uno sabe a lo que va. Eso sí, habría que ver cómo le iría a la raza chilanga con el calorón de mayo o el heladón de enero. Spoiler: nada bien.
La gastronomía cambiaría todo. Adiós al molito y los tamales de hoja de plátano. Hola al lonche de barbacoa con coca de vidrio bien fría. Las garnachas de esquina serían reemplazadas por carretitas con carne seca, los eventos oficiales ya no terminarían con canapés… sino con discada y serían el puritito pretexto para destapar la Carta Blanca.
Y ni hablar del acento. México entero tendría que acostumbrarse a decir “arre”, “machín”, “pos no” y pronunciar la “ch» como Dios manda. Las cadenas nacionales sonarían así:
—“Presidenta, ¿qué opina del presupuesto?”
—“Pos ahí va, más o menos, pero ya merito queda machín, ¿no?”
El Congreso estaría en un edificio que parece un centro comercial (porque sí, aquí nos gustan las cosas funcionales y mamadoras), y el Himno Nacional sonaría cada lunes en versión banda norteña entonado por Tony Melendez. El sombrero de charro sería sustituido por uno de vaquero y los desfiles militares tendrían caballos, sí, pero también troca perrona y banda en vivo, ¡fierro!
Ahora, pensemos en turismo. Todos vendrían al norte a tomarse fotos con el Cerro Grande de fondo (café, porque acá los cerros no son verdes), a comprar botas en el centro, y a presumir que sí sobrevivieron un día completo en Chihuahua sin bloqueador.
¿Y la gente? Pues seguiría igual de noble y leal, igual de buena pa’ la carne asada y con ese orgullo de decir “aquí no necesitamos playa pa’ andar a gusto”.
Claro, no todo sería perfecto. Tal vez nos faltaría un poco de ese caos bonito que tiene la CDMX, ya lo dijo Batuta “Hasta el monstruo más feo, tiene su encanto”.
Así que quién sabe… tal vez en una realidad alterna, el país sí se maneja desde el norte. Desde el desierto, desde la sierra, desde donde se forjan las cosas duras y sabrosas. Desde Chihuahua, donde el cielo es más grande… y también las ideas.
¿Qué otra característica tendría la Chihuahua capital de México? Te leemos.
Saludos de tu amigo y vecino: SobrePeso Pluma.

