23 Ago 2026, Dom

De compartir a vender: la transformación de nuestra presencia en redes

En un momento dejamos de postear la realidad de nuestra vida en redes sociales y empezamos a construir una representación que funciona como marca personal.

Una marca personal “consiste en encontrar los puntos fuertes de una persona que hace de ella un ser destacable y diferente que aporta valor en un entorno competitivo y cambiante. Hace a las personas reconocibles, recordadas, tenidas en cuenta.” (Ortiz, 2018). Por otro lado la presentación de uno mismo implica buscar influir en la imagen que los demás tienen de nosotros.

Cuando buscamos establecer una marca personal el primer paso es conocernos a nosotros mismos: que nos mueve, que valores tenemos, y con qué conceptos nos identificamos. Luego conocemos nuestro mercado o audiencia; quién comparte mis ideas, con quién me quiero asociar, quién representa mi competencia y a quién no me quiero parecer.

En redes sociales, a través de diferentes elementos discursivos y visuales, tratamos de influir en cómo nuestro mercado percibe nuestra identidad, ya sea la real, carácteristicas que si tenemos, o la ideal, las que aparentaremos tener. Se satisface así nuestro deseo de validación (por alguien más) sobre lo que pensamos de nosotros mismos. Si yo pienso que estoy bonita, subo una foto y las interacciones confirman que mi audiencia piensa que estoy bonita; entonces, ya me puedo decir bonita.

Este proceso de comunicación de la identidad convierte a la persona en una marca y a sus publicaciones en redes en publicidad de su propio producto, es decir, de su marca personal. La interacción es la aceptación/rechazo de la publicidad. El producto retorna valor al sujeto de dos maneras complementarias: a través de capital simbólico, medido en cifras como seguidores, interacciones o visibilidad, y mediante capital práctico o tangible, que se manifiesta en oportunidades concretas derivadas de su presencia digital. 

Los ejemplos varían. Por un lado una activista publicando sobre su causa: tiene valores definidos, promociona una ideología respecto a un tema por medio de narrativas emotivas y convincentes y con imágenes que en su simplicidad de composición, impacten. Su audiencia son personas con los mismos intereses o amigos que lo apoyan, las interacciones son la validación de su mensaje. Su retorno de valor esta en la reputación formada y credibilidad/influencia, o bien, invitaciones a proyectos que beneficien su carrera.

Por otro lado, y con más dificultad para percibirlo, una cuenta de una chica que utiliza sus redes para publicar sobre su vida cotidiana. Sus intereses son el fitness, salir a lugares bonitos y sus amigos. Sube fotos y videos con el encuadre y edición que mejor transmiten su estética. Sus seguidores son sus amigos, conocidos y conocidos de conocidos que interactuan con el contenido. Según los seguidores e interacciones, crea una reputación que le da status.

Ambos ejemplos utilizaron su marca personal para obtener un bien. Ambos pudieron impactar en la manera en cómo la audiencia los entendía. Sin embargo lo que diferencia a uno del otro es que incluso cuando se creía mostrar un ‘yo real’ en el segundo ejemplo, se estaba decidiendo qué aspectos exponer y cuáles ocultar, seleccionando valores, momentos y emociones que creía atractivos o aceptables para su audiencia. Así, cada publicación era un acto consciente o inconsciente de branding personal

Ahora, ¿y la parte de la realidad?

La dinámica en las redes sociales empezó siendo una conexión informal entre personas (Facebook), fotos que te gustaban y las subias (Instagram), pensamientos a los que les buscabas un público (Twitter), videos de tutoriales y entretenimiento (Youtube), lipsync y chistes cortos (Vine, Musical.ly ahora Tiktok), entre otros. Nada era seleccionado bajo diferentes intenciones que “mira, esto me interesó…”, simplemente se compartía.

Seleccionar la narrativa y los visuales pudiera, si así lo eligiésemos, no seguir ningun objetivo más que el de compartir. Correríamos el riesgo, claro, de que la audiencia tenga sobre nosotros una percepción ambigua, equivocada o incluso inexistente. Hollenbaugh (2021) describe como el bajo alcance (públicos pequeños a los cuales comunicar) y el anonimato permiten al usuario comunicar una representación más libre de elecciones estratégicas, pudiendo ser más auténtico. Independientemente si es su ser real o ideal, esta transmitiendo una imagen que no busca ser reconocida ni destacada, sino que solamente busca ser.

Hay un gran beneficio en utilizar el medio de comunicación que son las redes. “Lo que no esta en la agenda de los medios no existe para la audiencia que los ve”, dijeron Mccombs y Shaw cuando explicaban como los medios de comunicación construyen la percepción de la realidad en la sociedad, incluyendo y excluyendo aspectos de ella. Funciona igual con las redes sociales; si no eres importante, no existes, para existir, te tienes que diferenciar ante un público que esta saturado de información, y así (probablemente) serás importante.

Elegir con que objetivo utilizaríamos las redes sociales nos libera de la presión de mostrar una versión de nosotros constantemente. Si nuestra intención es posicionar una marca personal, podemos hacer conscientes la “pose” que estamos vendiendo, aprovecharla estratégicamente y evitar que afecte quienes somos fuera del mundo digital. Por otro lado, si nuestra intención es compartir por gusto, podemos disfrutar la incongruencia que esto implica y reconocer nuestro anonimato como una oportunidad para un desarrollo auténtico.

Bella <3

Referencias

Hollenbaugh, E. E. (2021). Self-Presentation in Social Media: Review and Research Opportunities. Review of Communication Research9, 80–98. https://doi.org/10.12840/ISSN.2255-4165.027

Ortiz, P. R.-M. (2018). LA CONSTRUCCIÓN DE LA MARCA PERSONAL: las redes sociales como herramienta esencial [Universidad Pontificia Comillas]. https://repositorio.comillas.edu/xmlui/bitstream/handle/11531/19339/TFGPalomaRodriIguezMirandaOrtiz.pdf?sequence=1

By Bella

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