23 Ago 2026, Dom

¿Qué me ha enseñado la enfermedad?

Mi abuelo tiene 6 años siendo cuidado por sus 3 hijos y 3 nietos, o sea mis tíos, mis primos, mi mamá, mi hermana y yo. Su historial clínico lista hipertensión, diabetes, problemas en el corazón, operación en la columna con complicación, prótesis en ambas rodillas, rotura de fémur, problemas en los pulmones y problemas en los riñones. Vive con enfermedades cronicodegenerativas que van trayendo nuevos padecimientos con el tiempo. Al día de hoy nos encargamos de él de todo a todo, y durante este tiempo he aprendido varias cosas de lo que significa cuidar de alguien enfermo.

  1. El tiempo no se mide en rapidez sino en calidad.

Al principio pensábamos que era un por mientras, en lo que se mejoraba, una pausa en la dinámica de cada una de nuestras vidas. Poco a poco se presentaron retos que pedían más tiempo, atención y cuidados, y ahora todos pasamos el 50% de nuestro tiempo con él. No somos conscientes del pasar de los días hasta que llega el apuro en el que se nos presenta la duda de, ¿será este su último día?

Ahí es cuando analizamos la calidad de nuestra presencia. Más que un “debí pasar más tiempo contigo”, es un “el tiempo que pasé contigo se ha perdido en deberes, recordatorios y rutina”.

Ya no es ir a visitar al abuelo para ver cómo está, es hacerse cargo por completo de su supervivencia y bienestar. Es entendible que mientras hacemos esto podemos perder de vista que no es algo con lo que hay que cumplir, sino alguien que necesita de amor y atención para poder vivir. La primera es automática, eficiente, sin cuidado del presente. La segunda pide que estés consciente del valor de tu presencia en la vida de alguien más.

  1. La caridad es la forma del bien.

Me he preguntado varias veces ¿por qué tengo que estar haciendo esto yo?, ¿por qué si hay medios para buscar ayuda profesional mi mamá se ha vuelto enfermera?. La realidad es que lo más sano para todos es que haya una ayuda externa que nos permita balancear todo. Para mal, o para bien, mi abuelo pide que nadie ajeno entre a su casa, solo su familia. Y para bien o para mal, mi mamá y mis tíos han respetado su petición.

Hago la segunda pregunta a mi mamá, seguida de “el responsable de mi abuelo es mi abuelo, no tú”. A veces está tan cansada que me da la razón pero lo continúa haciendo; ella piensa que mientras tenga la fuerza para estar ahí para su papá, lo va a hacer, porque lo ama.

Un acto abnegado con causa en el amor. En una cultura de cuidado donde “primero voy yo, después yo y al final yo” el bien del otro nos es ajeno cuando está en juego una parte del nuestro. No hay que cuestionar entonces por qué la injusticia, violencia e indiferencia del mundo.

El amor en la enfermedad ha sostenido y unido a 4 personas que antes de esto se veían únicamente en navidad. Además trascendió de ellos, no son solo 3 las manos, ahora somos 6 los que estamos aportando.

  1. Tenemos que aprender a aceptar y perdonar.

El amor sí ha sostenido la red de apoyo de mi abuelo, pero claro que hubo veces que estuvo a punto de caerse…

Toda familia tiene su historia y su manera de ser y querer, la mía no es excepción. Tenemos fortalezas como el compromiso, la responsabilidad, la bondad, y el amor. Tenemos áreas de oportunidad, el enojo y el resentimiento. Si el tiempo con mi abuelo se mide en calidad, el coraje nunca nos ha dado de la buena.

Aceptar que tenemos diferentes maneras de ser y que dentro nuestra historia, cada quien tiene su propia versión. Perdonar las expectativas no cumplidas, así como las faltas cometidas: pasadas y presentes. Ambas necesitan una conversación que las aclare, una disculpa o una explicación, pero sobre todo voluntad para hacerlo.

Finalmente, confieso que al platicar algo mío a un espacio de gente desconocida me hace sentir vulnerable. Pude haber hablado en tercera persona y generalizar las experiencias para proteger nuestra imagen como familia, pero no me pareció genuino. La verdad se habla con todas sus letras para poder ser entendida y que cumpla su objetivo: hacer un bien al que lo necesite. A los que pasan por lo mismo: te entiendo, te escucho, espero que te haga sentir bien esta perspectiva. A los que no han pasado por algo así: espero haber dejado algo en ti; luego, si lo necesitas, te puede servir.

By Bella

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