La narrativa mexicana alrededor de la palabra política se acompaña de descripciones como corrupta, “una burla”,” un show”, “inservible”, “una porquería”, por nombrar algunos que, sin necesidad de investigación formal, surgen en conversaciones. Al escucharla, lo correcto sería preguntar: ¿Realmente tenemos una política tan ineficiente? O más bien, ¿qué es lo ineficiente?
Para contestar esa pregunta es conveniente comprender de qué estamos realmente hablando.
La palabra política tiene diferentes acepciones en el diccionario de la RAE, las podemos resumir en: Arte referente al gobierno de los Estados. Tanto quienes buscan regir los asuntos públicos como los ciudadanos al participar en la toma de decisiones, hacen política.
El fin último de la política es el bien común. El objetivo del que busca regir los asuntos públicos es lograr el saber y llevar al pueblo a la virtud (Platón). El ciudadano que forma parte en la toma de decisiones lo hace a través de su libertad de obedecer leyes que el mismo aprueba junto con los demás (Rousseau) para su bien común.
No discutiremos la forma de gobierno ideal para llevar a cabo este fin. Dado que nuestro interés es México, la manera en qué nosotros conocemos la política es a través de un sistema democrático. Entonces, la política mexicana se entiende a través del ejercicio del voto popular para elegir a aquellos que nos gobiernan. Sin embargo, no solo tiene ese mecanismo para legitimarla; se añaden también la calidad del debate público y representación, la participación ciudadana, la transparencia y/o rendición de cuentas y el sistema de pesos y contrapesos de poder. No necesariamente sucede bajo un marco institucional, se ve también en las acciones sociales.
Por lo tanto, si este es el sistema que dice cumplir con el objetivo de garantía del bien común, ¿realmente tenemos una política tan ineficiente? No. Según la teoría de democracia mexicana (sustentada en los artículos 6to,35, 39, 40, 41 y 49) debería de haber un ejercicio de poder eficiente, legal y con resguardo a los derechos individuales y colectivos de los mexicanos. Lo que sucede es que la práctica resulta deficiente, en (y leamos bien) algunos casos. Sería una mentira decir que “todos todo el tiempo” practican una política ineficiente.
Algunos retos a los que se enfrenta un ciudadano mexicano para entender la política desde otro lugar son: la falta de educación formal respecto a estos tópicos, el amarillismo y politización de temas de interés público, desinformación, posverdad, y manipulación de narrativas en medios, falta de interés en participar en el asunto público. Además, lo que claro es innegable, incumplimiento de responsabilidades de los servidores públicos, ilegalidad e impunidad; que lógicamente nos aleja del ideal.
Conclusión: no, la política en México no es “una cochinada”. Es un sistema con bases constitucionales sólidas y principios democráticos reconocidos universalmente, pero cuya práctica, en ocasiones, los desvirtúa. Es responsabilidad de ambos actores asegurar que este paradigma cambie conociendo su papel en la problemática.
SIDE NOTE: Soy nueva hablando de este tema y me siento toda intensa como fan partidista (joking but not rlly), pero amix, piénsalo de esta manera: tienes el poder de autorizar, debatir y proponer en las “reglas” que moldean cómo eres y qué haces, ¿tu honesta reacción es pretender que no te impacta, no te sorprende?
Bella <3
Fuentes:

