23 Oct 2026, Vie

LA FUNCIÓN DEL LENGUAJE EN EL RENDIMIENTO PERSONAL.

PARTE 3 DE “LAS PALABRAS QUE USAS DETERMINAN QUÉ TANTO SABES DE LA REALIDAD”

Ayer me topé con un video que me llamó muchísimo la atención: «How Feedback Affects Performance», hecho por un profesor de neurobiología y oftalmología en Stanford.

Me enganchó porque yo siempre fui la niña “buena”, “inteligente”, “espectacular”, “increíble” y demás… (no te creas, estoy de mamona). Pero sí: cuando me felicitaban, normalmente lo hacían por cómo era, no por lo que hacía. Y eso, en la vida adulta, me empezó a causar conflicto. No ser siempre “la mejor” o enfrentarme a situaciones donde no podía confirmar esa identidad que construí de niña me frustraba. A veces prefería no intentar cosas nuevas o desafiantes, todo para seguir encajando en esa idea de ser la “niña modelo” (no es exageración, así me describían). Pero un día lo entendí: that shit is fffucked up.

Quise cambiar esa narrativa que tenía sobre mí misma. Y no fue sino hasta ayer que este video me confirmó que no iba tan mal.

En él, el profesor explica cómo el tipo de retroalimentación afecta directamente el rendimiento de una persona. Todo se basa en un experimento de Carol S. Dweck y Claudia Mueller, investigadoras de Stanford, quienes trabajaron con tres grupos de niños para analizar cómo respondían a distintos tipos de elogio.

Se usaron dos enfoques principales:

  • Elogios dirigidos a la manera de ser, lo que podríamos llamar “los de la etiqueta”. Son frases como:
    “Eres muy bueno”, “Eres muy inteligente”, “Tienes mucho talento”.
  • Elogios dirigidos al esfuerzo, es decir, “el del proceso”. Aquí se aplaude el comportamiento y las decisiones que tomaron, sin importar si el resultado fue perfecto o no:
    “A pesar de que te equivocaste, seguiste intentando”, “Trataste de hacerlo”, “Lo lograste porque persististe”.

A todos los niños se les puso a hacer una misma actividad. En el primer análisis de desempeño, los tres grupos obtuvieron resultados similares. Después recibieron su respectiva retroalimentación:

  • El grupo de las etiquetas bajó su rendimiento.
  • El del esfuerzo lo subió.
  • El grupo sin retroalimentación se mantuvo igual.

No era cuestión de habilidades, sino de lo que creían sobre sí mismos al momento de enfrentar una tarea.

Las investigadoras también notaron esto:
Los niños que recibieron elogios tipo “etiqueta” preferían resolver problemas más fáciles, donde sabían que iban a “quedar bien”. En cambio, los del grupo del esfuerzo elegían retos más difíciles, donde sabían que iban a tener que intentar, equivocarse y persistir.

Ambos grupos querían ser reconocidos. Pero solo los que estaban enfocados en el proceso se atrevían a ponerse en situaciones que los impulsaran. Los otros se limitaban a aquellas que validaran esa idea que tenían sobre quiénes eran.

Y una vez más se confirma:
las palabras importan.
La forma en que construimos y recibimos mensajes —ya sean externos o internos— tiene un impacto semántico real: moldea lo que creemos que somos capaces de lograr.

Si a ti también te pasa algo parecido, o te ha pasado, o te empieza a pasar… ojalá este articulo te sirva de algo.

Bella <3

By Bella

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